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jueves, 26 de julio de 2012

Temen un aumento de la pobreza entre los discapacitados




  • La Confederación Española de Personas con Discapacidad Física y Orgánica asegura que los recortes del Gobierno pueden poner en peligro al colectivo.
  • Aseguran que los ingresos de estas personas son un 25% más bajos que la población general y que más de la mitad están en situación de pobreza extrema.

La Confederación Española de Personas con Discapacidad Física y Orgánica (COCEMFE) ha alertado a la Administración del riesgo que pueden conllevar para el colectivo al que representa los recortes que se están efectuando a todos los niveles en servicios sociales, sanidad, dependencia, educación y empleo.


Así, la entidad ha destacado los "bajos" ingresos que tienen las personas con discapacidad en relación con la población en general (un 25% más bajos), más de la mitad en una situación de pobreza extrema.

Además, han señalado que en España hay 21.200 personas con discapacidad que viven al mes con una pensión no contributiva, (357,70 euros/mes), un dato "muy inferior" a lo aceptado como umbral de pobreza (627 euros/mes) y al Indicador Público de Renta de Efectos Múltiples (IPREM), fijado en 532,5 euros mensuales.

"Estos datos demuestran que hay un submundo dentro de la discapacidad, son personas que difícilmente pueden pasar cada mes al recibir unos ingresos irrisorios que en nada pueden apoyar su autonomía personal e integración social", ha denunciado el presidente de COCEMFE, Mario García.

Consideran "ineludible" rectificar la reducción de subvenciones en los Centros Especiales de Empleo Además, COCEMFE ha incidido en "el sobreesfuerzo económico" que tienen que hacer las personas con discapacidad para mejorar sus condiciones de vida, a lo que se tiene que sumar las subidas de tasas e impuestos, los recortes sociales y copagos que las administraciones están llevando a cabo, "causando un serio perjuicio tanto a la integración y normalización de este colectivo como a su situación financiera".

En esta línea, Mario García ha señalado que el Ejecutivo "debería aumentar los niveles de protección de las personas con discapacidad, en lugar de que sean las primeras en verse afectadas por los recortes y promover medidas estructurales que apuesten por la inclusión social del colectivo, luchando decididamente contra las discriminaciones en el ámbito laboral y educativo, el paro y la precariedad laboral".

Asimismo, la entidad ha destacado que la tasa de personas con discapacidad que han terminado estudios secundarios o superiores representa menos de la mitad que la población en general (el 12% frente al 30%). Por ello, ha incidido en la importancia de potenciar que este colectivo alcance el nivel de estudios secundarios, ya que "al incrementar las opciones de encontrar un empleo y el acceso a niveles educativos más altos, tendría también la posibilidad de obtener remuneraciones económicas más elevadas".

COCEMFE apuesta así por una iniciativa firme por la incorporación de este colectivo al empleo, ya sea ordinario, con o sin apoyo o protegido, destacando las desigualdades existentes, con una tasa de actividad del 36,2%, casi 40 puntos inferior a la de la población sin discapacidad.

Por ello, Mario García considera "ineludible" rectificar la reducción de subvenciones en los Centros Especiales de Empleo, donde las aportaciones del Estado son "imprescindibles" para su sostenibilidad y funcionamiento, y que se cumplan las leyes en materia de integración de este colectivo, como es la LISMI, que "la mayoría de las empresas incumple reiteradamente sin ningún miramiento".


20MINUTOS.ES

domingo, 20 de mayo de 2012

Artículo de logo Los otros marginados




Pilar Rahola

El coste de la crisis es inversamente proporcional según el lugar que se ocupa en la sociedad: más alto para la gente sin recursos que para la clase media, y mucho más para la clase media que para los más poderosos. Si esta escala discriminatoria la hacemos con otros parámetros, también en cuestión de recortes hay colectivos más discriminados que otros.

Es el caso, por ejemplo de las entidades que trabajan con discapacitados psíquicos y físicos y que acaban de ver cómo los presupuestos del señor Montoro han recortado en 56% la partida destinada a su inserción laboral. Dicha así, la cifra es una más de las que se amontonan en el estercolero de las malas noticias.

Pero si nos acercamos con los ojos de mirar a la gente, lo que queda son 7.300 puestos de trabajo, repartidos en 100 entidades sin ánimo de lucro, que ahora peligran, más 982 personas que dejarán de ser formadas, y 500 profesionales que perderán el trabajo, mientras los discapacitados que tenían una vida laboral digna se quedarán en casa.

El Estado, además, incumple la ley de integración social que obliga a financiar el 50% del sueldo mínimo de estas personas y -¡cosa bien extraña!- el recorte es más duro en Catalunya que en otros lugares. Es decir, puestos a dejarnos en los huesos, también se acuerdan de rascar el poco dinero que dedicaban a la reinserción de este sensible colectivo.

Desde la perspectiva humanitaria, queda poco por decir, más allá de constatar la gris sensibilidad del Gobierno Rajoy.

Pero además la cuestión también tiene lectura catalana, porque fue en Catalunya, en los años setenta, cuando la discapacidad era un tema tabú, que empezaron a plantearse centros especiales para insertar laboralmente a los discapacitados.

Afortunadamente la Generalitat lo apoyó desde el inicio y aglutina un tercio de los contratos, pero el recorte del Estado en esta partida pone en jaque todo el sistema. Ante la grave situación que se puede crear para miles de personas, las entidades implicadas harán el domingo un acto que se prevé multitudinario en el Arc de Triomf, bajo el lema "Eso sí que no. Si nos recortáis, nos abandonáis".

Tanto el alcalde Trias como el conseller Cleries han confirmado la asistencia. Y no hay mucho más que decir, tal vez porque lo siguiente que me apetecería sería demasiado grueso para un artículo.

¿Cómo pueden hacer una cosa así? ¿Les cuadrarán los números recortando estas partidas tan sensibles y al mismo tiempo tan escasas? Y qué les dirá la conciencia mientras aseguran no tener dinero para discapacitados pero tapan los millonarios agujeros negros de su juguete bancario, aquel donde los políticos y los amigos del PP hacían fiesta grande.

Fiesta grande que ahora pagamos todos. Diría que es una vergüenza, pero es demasiado suave. Que es indigno, y me quedaría corta. Que es sucio, feo, triste, injusto..., y aún me faltaría diccionario...

domingo, 27 de noviembre de 2011

La grandeza de la diferencia y de saber imponerse al paradigma del sistema.

Maestro Pineda

El rostro y el discurso de Pablo Pineda, el único diplomado universitario con síndrome de Down en España, removió, desde nuestra portada, a una sociedad que pone etiquetas y cercena las posibilidades de las personas con discapacidad.

Cuando nació, hace 29 años, a sus padres les dijeron que nunca podría aprender, excepto lo más sencillo. Hoy es diplomado en Magisterio y pronto se licenciará en Psicopedagogía por la Universidad de Málaga. Y ha empezado a trabajar en el área de bienestar social del Ayuntamiento de esa ciudad, que es la suya. Ciertamente, Pablo Pineda es la única persona con síndrome de Down, en toda Europa, que ha llegado tan lejos; una excepción, casi un milagro. Tal vez una esperanza para cierto número de padres que, angustiados, se preguntan qué porvenir les espera a sus hijos que, como Pablo, han nacido con un fallo genético. En esta entrevista, Pablo envía un mensaje a sus iguales, y a los padres de esos niños, a los profesores y a la sociedad entera. Sabe lo que dice: ha convertido su difícil vida, marcada por una categoría (...), en una experiencia singular a base de esfuerzo, de aguante, de buscar los caminos más idóneos; en un transcurrir lleno de satisfacciones conseguidas a pulso y una a una. La verdad es que si Pablo Pineda es una excepción, él no quiere serlo; no quiere estar solo, ni que le señalen con el dedo. Y si no para de hacer entrevistas, de salir por televisión, es porque todo lo hace para ayudar al colectivo del que se ha convertido en una bandera.

"A los 21 años me entero de lo que es esta discapacidad. Cuando empecé a leer en los libros, me dije: yo no soy así"

"Te etiquetan y de ahí no sales. Lo que más me compensa es demostrar lo que somos capaces de hacer"

Creo que está muy acostumbrado a las entrevistas. Mucho. Al principio me chocaba, porque veía mi vida tan normal, tan fuera de interés. ¿Y qué he hecho yo de extraordinario? Aunque la primera noticia de que era síndrome de Down la tuve a los seis o siete años. Un profesor de universidad que llevaba el Proyecto Roma, don Miguel García Melero, en el despacho del director me preguntó: "¿Tú sabes que eres síndrome de Down?". Yo, inocentemente, le dije que sí, aunque no tenía ni idea. Él lo notó y se puso a explicarme qué era eso (...). Y yo, como a todo le saco punta y tengo esa agudeza mental, le dije: "Don Miguel, ¿soy tonto?".

¿Por qué se lo preguntó? No sé. Es difícil saberlo. Quizá si a los seis años te asocian con un síndrome, tú lo asocias a ser tonto o no. Él me dijo que no era tonto, y le pregunté: "¿Y voy a poder seguir estudiando?". Él me dijo: "Sí, por supuesto". Luego comenzó el proceso de la calle; los niños empezaron a decirme: "Pobrecito, está malito". Y yo me enfurruñaba, porque no estaba enfermo.

Pero sí veía que su cara era distinta. Eso sí. Que tenía los ojos más alargados, que las manos no eran iguales. No había visto a otros niños con síndrome, pero quizá tenía la mosca detrás de la oreja. En casa le pregunté a mi madre: ¿Es verdad que soy síndrome de Down? (...) Y volví a hacer la misma pregunta: "¿Puedo seguir estudiando?". "Claro", dijeron, "sin problemas". Estaba muy a gusto en el colegio, con mis compañeros. Luego, durante un tiempo, no tuve interés de saber más; hasta que empecé a estudiar la carrera de Magisterio, a los 21 años, al tocar el campo de la educación especial: ahí es cuando me entero de lo que es esta discapacidad. Aunque, al describirla, los libros hablaban de que era una enfermedad y de la cultura del déficit, de todos los problemas que tienen. Muy negativo. Y cuando empecé a leerlo, me dije: yo no soy así.

¿Pensó que era un síndrome de Down un poco especial? Exactamente. También pensé (...) que otros muchos síndromes de Down que ya conocía tampoco eran como los describían los libros. La literatura nos pone peor de lo que somos, y nos aparta. (...)

¿Y cuándo se aceptó del todo? Pronto. He dado conferencias, y en una de ellas, cuando tenía 14 años, una señora me preguntó si me haría la cirugía estética para cambiar los rasgos de mi cara. Y le dije: "No, lo tengo a mucha honra". Y luego: "¿Es que no te gusta como soy?". Yo he sido muy exigente conmigo mismo. (...)

En realidad, su vida debe de ser difícil, necesita ser un buen guerrero para llevarla. Sí que es duro, más que nada porque siempre tienes que estar demostrando que puedes. (...) Es muy cansado, te hartas. A veces piensas que los prejuicios han disminuido, pero es que están más soterrados. (...)

¿Sus padres le han empujado a que hiciera usted las cosas, consultaron a los médicos cuando era pequeño? Cuando empezamos, más que consultar a los médicos, eran ellos los que decían a los médicos qué había que hacer. Ellos decían: este niño no podrá aprender más que las cosas más sencillas, y mis padres no les hacían caso: tu ocúpate de las amígdalas, que yo me ocupo de su educación. Nunca creyeron que no podría aprender. (...) Mis padres siempre han pensado que yo debía ser autónomo y me han educado para ello. (...)

Leía el otro día en un libro que ser Down, como sucede con otras cosas, le coloca a uno en una categoría que pesa mucho más que las potencialidades que se tengan, los talentos que pueda tener. Te etiquetan y de ahí no sales. Toda la vida voy a llevarlo encima. Así como a David Bisbal le llaman el triunfito, a mí me llaman el síndrome de Down. Hay consuelos (...), yo veo que en el trabajo me consideran útil, y eso me gusta. Pero lo que más me compensa es demostrar lo que somos capaces de hacer, que lo vean a través de lo que yo hago. Claro que esto solo se puede entender si a uno le importan los demás, si eres progresista. (...)

Doctorado en cine

Tras la pista. El maestro Pineda, de nombre Pablo, primer universitario con síndrome de Down de Europa, tiene hoy 37 años, sigue viviendo en Málaga, en casa de sus padres, igual que sigue escuchando Los 40 principales. Se diplomó en Magisterio, pero no llegó a licenciarse en Psicopedagogía. Le quedaron cuatro asignaturas y las fue abandonando poco a poco, mientras preparaba el asalto a una trinchera inesperada y quizá aún mayor: el cine.

Concha de plata. En 2009 interpretó con éxito apabullante a un trasunto de sí mismo en la película Yo, también, junto a la actriz Lola Dueñas, rol por el que se le concedió la Concha de Plata a la mejor interpretación en el Festival de Cine de San Sebastián, y por el que fue candidato al Goya al mejor actor revelación.

Integración. Su caso abrió una cuña, pero los muros persisten: sigue siendo el único español con síndrome de Down (hay unos 34.000 en España) en posesión de un título universitario. Y solo un 5% de aquellos en edad de trabajar tiene empleo.

Su lucha. Ocho años después de que saliera su rostro en nuestra portada -"guardo la revista como oro en paño"-, Pineda se dedica a impartir conferencias y a batallar por sus semejantes. "He viajado a Bélgica y cruzado el océano hasta Colombia", dice. Para que los directivos de Endesa, Mapfre o Bancaja vean en su rostro el salto posible. "Les impresiono, se quedan descolocados". Un proyecto alicantino que lleva su nombre ha impulsado la contratación de 42 personas con discapacidad en empresas privadas.

Fuente: El País.com